martes, 14 de julio de 2009

UNA CONCEPCIÓN REVOLUCIONARIA Y SOCIALISTA EN EL IMPULSO DEL PODER POPULAR


I. Las tareas pendientes del proceso bolivariano

En la medida en que ha venido avanzando el proceso bolivariano, en el contexto en que se ha venido desarrollando la lucha de clases en el país, que se ha develado la confrontación; que se ha entendido y diferenciado la contradicción principal de las secundarias; en esa misma medida el proceso ha venido buscando clarificar el camino para su consolidación como proceso revolucionario y socialista.

Este proceso bolivariano consolidará la transformación sobre la base de tres elementos esenciales y donde cada uno de esos elementos están integrados en una sola política: uno, la construcción del socialismo con la participación directa de los sectores trabajadores, campesinos, desempleados, intelectuales y de la pequeña burguesía, bajo la egida del programa de los trabajadores y las trabajadoras que es el socialismo; dos, con la transformación del actual estado, que sigue siendo en esencia un estado al servicio de las minorías y tres, a la construcción de una base económica con nuevas relaciones sociales de producción en vías al socialismo.

Esta tarea está contenida en la posibilidad de que este sujeto social encabezado por los trabajadores se constituya en una fuerza, en una organización, en conciencia revolucionaria, en programa socialista, en estrategia y en gobierno revolucionario simultánea y progresivamente. En definitiva se constituya en Poder Popular revolucionario.

Existen distintas concepciones para la construcción del poder popular y cada una de ellas está trabajando bajo su óptica en imponer sus criterios y llevar a destinos distintos esta opción del pueblo.

II. Las concepciones incorrectas

1. La concepción burocrática

La concepción más difundida sobre todo porque descansa sobre el poder de la estructura del gobierno es la concepción burocrática impuesta por sus funcionarios. Esta concepción burocrática comparte los postulados del Presidente Chávez pero lleva a la práctica sus propios postulados. Las principales características de esta concepción burocrática son las siguientes: uno, considera que el pueblo no tiene la conciencia “suficiente” para asumir responsabilidades y eso justifica la presencia de los funcionarios como hacedores de política; dos, decreta desde arriba, desde la dinámica institucional la creación de instancias de poder popular, llámese consejos comunales o comunas; su creación responde a las metas o compromisos que se ha planteado la institución y no a la conciencia de los sujetos sociales que lo conforman; tres, como consecuencia de lo anterior, la construcción del poder popular se realiza desde “arriba” y arriba entendemos la oficina o instancia gubernamental; cuatro, los sujetos sociales protagónicos son sustituidos por los “funcionarios” quienes a través de algunas actividades que realizan en la comunidad limitan la participación del pueblo en su propia construcción; quinto, estos funcionarios terminan monopolizando las decisiones, la información, los planes y los resultados y sexto, la lucha ideológica se ejecuta a través de la amenaza, la represión de las ideas, la acusación sin pruebas y la exclusión final.

Esta concepción burocrática tiene su expresión en materia económica, quienes bajo los criterios anteriores, no permiten que sean los propios trabajadores y las trabajadoras que dirijan a las empresas y el poder de la clase trabajadora se limita sólo a aspectos secundarios, ya que los aspectos principales son tomados por la gerencia de la empresa, que son por lo general burócratas pertenecientes al gobierno. No generan cambios sustanciales en las relaciones sociales de producción y estas empresas terminan convirtiéndose en capitalismo de estado, donde el dueño de los medios de producción pasa a ser el propio Estado, repitiendo las fallidas experiencias del llamado socialismo del siglo XX

2 Los clientelares

Esta concepción está emparentada con la concepción burocrática. Implica, quienes ven la construcción del poder popular como una oportunidad para lograr ascenso y reconocimiento y construyen una estructura de poder donde se “adueñan” de ella.

Sus características más resaltantes son: uno, esta basada en dadivas producto del reparto del presupuesto público sin ningún criterio de responsabilidad; dos, permiten que el uso de estos recursos se desvíen, siempre y cuando estas personas sigan respondiendo a sus “protectores”; tres, consideran que estas organizaciones del poder popular son apéndices de sus propios intereses; institución o partido; cuarto, aniquilan la estructura de la organización y la democracia interna y quinto, la lucha ideológica no se libra, se utiliza la conciliación entre sus miembros para ocultar sus diferencias y mantener la unidad interna. Son organizaciones que terminan montándose en los criterios de la representatividad y la corrupción.

3 Los pragmáticos

Son aquellos que la construcción de las organizaciones del poder popular no la diferencian de las anteriores asociaciones de vecinos y demás organizaciones gremiales, que su construcción está basada en el aprovechamiento de la “oportunidad” que les da la existencia de la organización para aprovechar los recursos económicos que les puedan ser otorgados en beneficio individual, que hablan de socialismo, pero trabajan abiertamente para el capitalismo; que no tienen limites en su política de alianzas y pueden aliarse en un abanico muy amplio desde sectores de la extrema derecha como sectores de la izquierda; expresan dentro de su pragmatismo una concepción inmediatista, de alcanzar logros en el muy corto plazo, por lo tanto caen en el tacticismo y además están detrás de poder y riqueza.

4 El sectarismo

Quienes confunden organizaciones populares con partido o poder popular con gobierno, que no son capaces de comprender que en un determinado territorio los ciudadanas y ciudadanos que habitan ese territorio conforman las organizaciones del poder popular sin discriminaciones por genero, edad, posición religiosa o política. Esta concepción tiene raíces ideológicas localizadas en el foquismo y el radicalismo pequeñoburgués.

Esta concepción expresa un desdén o subestimación por quien se considera no tiene la conciencia “suficiente” o por expresar dudas o confusión es apartado de la organización y del debate.

Expresa como contrapartida una gran autosuficiencia de los líderes, que son personas que se autoconsideran poseer una “gran capacidad”; frente al resto de la comunidad. No hay espacio para la disidencia.

5 El espontaneismo

Quienes partiendo de una diferenciación de las prácticas vanguardistas no son capaces de estimar los desarrollo desiguales que existe en la conciencia de los distintos sectores del pueblo. Se acogen a prácticas ultra democráticas, donde todo se decide en asambleas, hasta los más mínimos detalles. No realizan propuestas, esperan que las asambleas lleguen a ellas por propia convicción.

Colocan al poder popular por consiguiente a la cola de las posiciones más atrasadas del pueblo, “hasta que el último se convenza del camino a seguir”.

Una concepción socialista y revolucionaria en el impulso del Poder Popular
La primera consideración es que el poder real debe residir en el poder popular, que es originario y constituyente de la nueva realidad que se aspira construir, por lo tanto este poder reside en todos y todas.

Es un poder transformador, que no busca reformas o cambios parciales sino que busca generar un salto en lo político, económico, social y cultural; un salto renovador.

Que debe ser construido a través de la elevación de la conciencia de los sujetos que lo componen y los niveles de organización, compromiso y comprensión son producto de esa elevación de la conciencia política revolucionaria.

Reconocer que el poder popular tiene su propia dinámica, determinada por lo que se construye “adentro” y esta dinámica es desigual tanto a lo interno de la organización como entre organizaciones.

Que la elevación de la conciencia no es un aprendizaje “escolarizante”, sino que es producto de la relación con su práctica cotidiana, la evaluación, la teoría y el retorno a la práctica. La elevación de la conciencia está vinculada al ejercicio directo, protagónico de la democracia, no sólo en la posibilidad de decidir, sino de hacer o controlar.

Que es necesario construirlo desde las instancias primarias de organización, para pasar a formas de organización integradoras, de un mayor alcance político y geográfico.

La construcción de instancias de mayor alcance no puede ir en la dirección de debilitar las organizaciones primarias.

Es un poder que afronta la lucha de ideas en el seno del pueblo como una realidad natural y necesaria y que la realización de la lucha de ideas fortalecerá al poder popular, siempre y cuando podamos realizarla con métodos y estilos correctos, entre amigos y amigas que tienen un mismo objetivo final.

Es un poder capaz de identificar a los enemigos del pueblo, de dotarse de una visión de futuro y capaz de caminar en dirección de alcanzarla.

Es un poder que trasciende el debate a convertirlo en una práctica política permanente, cotidiana y sistemática, de procesos simples a procesos más complejos e integrales.

En fin el poder popular es una tarea hoy necesaria, de ella dependen las otras tareas históricas de la revolución socialista venezolana, afrontarla de la manera correcta nos lleva a acortar caminos y asestar golpes duros a la contrarrevolución.

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