martes, 6 de octubre de 2009

Demolemos al viejo Estado o él demolerá el rumbo al socialismo

Marea Socialista

El reconocimiento por el presidente Chávez de la "emergencia en salud" sonó duro. Una de las principales conquistas de la revolución, el acceso a la atención médica a través de la misión Barrio Adentro, muestra síntomas agudos de agotamiento. Barrio Adentro, después de haber sido un ejemplo en la búsqueda de salida a la situación de desamparo que sufrieron los más humildes durante décadas, está en crisis y necesita reimpulso. Entonces, hay que discutir y emprender ya una salida de fondo: un verdadero cambio estructural en el sistema de salud. Esto es lo que hace falta.

La multitudinaria marcha nacional de los trabajadores eléctricos realizada el viernes 25 de septiembre en Caracas, que fue una expresión del descontento que tienen los trabajadores con la indolencia de la gerencia de Corpoelec de no querer firmar una Convención Colectiva justa y necesaria, vuelve a poner sobre la mesa otro de los graves problemas, la "crisis energética." Igual que en el caso de la salud, no se trata de falta de inversión: miles de millones de dólares han sido invertidos en estos sectores. Hay por detrás otros problemas sociales y políticos que hacen que esos recursos se pierdan en el pozo sin fondo del laberinto burocrático.

Habiéndose avanzado con la nacionalización y unificación de todas las empresas eléctricas en una gran corporación estatal única, y existiendo la experiencia exitosa, lamentablemente abortada hace más de 4 años, de control obrero en Cadafe, las transformaciones se estancan y comienzan a retroceder, poniendo en riesgo a la revolución misma.

La lucha de los trabajadores por tratar de hacer avanzar el Plan Guayana Socialista, choca permanentemente con la presión de las cúpulas burocráticas que para defender sus privilegios, alientan divisiones entre los trabajadores y buscan pulverizar el esfuerzo de los trabajadores y trabajadoras.

Ya el paso adelante que significa la construcción de las Patrullas de trabajadoras y trabajadores del PSUV está siendo bombardeado por aquellos que temen perder el poder que representa conducir la maquina del PSUV, y por los altos funcionarios que están enquistados en las instituciones del Estado sin ningún tipo de control. No quieren controles por la base ni la formación de una línea de cuadros que se monten en dar la batalla de las ideas por la pelea de la transición al socialismo.

Un recorrido similar está haciendo la Ley Orgánica del Trabajo, LOT. La reforma impulsada en la Asamblea Nacional hasta ahora no cuenta con la participación directa de los trabajadores. Preocupa que la estén cocinando a fuego lento, y lo que se vislumbra son simples reformas que pueden convertirse en un maquillaje, cuando lo que se amerita son salidas de fondo.

Los despidos que puedan producir las calificaciones que ha solicitado la patronal contra 157 padres y madres de familias serán un ataque no sólo a la conducción de los trabajadores de la Mitsubishi, sino también a todos los de este importante sector. Con esa decisión se corre el riesgo de deshacerse de las direcciones clasistas en las automotrices y beneficiar con ello a las multinacionales, quienes para estos meses que vienen, cuando sientan las baja de la compras de automóviles, necesitan más que en épocas pasadas de direcciones dóciles para imponer condiciones de trabajo favorables, buscando mantener sus altas tasas de ganancias. Es decir, los despidos que se produzcan por estas calificaciones beneficiarán al capital y no al trabajo. Beneficiarán a la contrarrevolución y no a la revolución.

Yéndonos a los avances internacionales como la derrota del ALCA en 2005 en Mar del Plata, los avances del ALBA, y muchos otros, vemos que están amenazados por la prepotencia imperialista y los gobiernos lacayos, como demuestran las bases gringas en Colombia y el golpe en Honduras. El ataque es interno y externo. En palabras claras y precisas, quieren cortar a la revolución bolivariana con una tijera.

Todas las luces amarillas de alarma están prendidas y casi al mismo tiempo. Sólo la actividad del presidente parece reconocer esta realidad, junto con el pueblo revolucionario que soporta las consecuencias de los desmanes burocráticos y siente y sufre el agotamiento moral de cierta conducción del proceso.

El actual Estado es el principal obstáculo para que la revolución avance

El reclamo del presidente Chávez, en su discurso en la Asamblea Nacional para celebrar el décimo aniversario de la convocatoria de la Asamblea Constituyente, de buscar la superación del Estado Burgués y la implantación de un nuevo Estado Proletario, según sus propias palabras, merece ser debatido.

A diez años de iniciado el proceso, y a casi cinco de declarado el rumbo al Socialismo del Siglo XXI, estamos viviendo un momento crítico. Y la razón está en la contradicción fundamental que recorre a la Revolución: la convivencia entre un proceso que declara marchar al socialismo y la persistencia del viejo Estado Burgués en medio de un país donde dominan las relaciones sociales capitalistas. Esta contradicción está acumulando fuerzas contrarias y fuertes roces políticos y sociales al interior del mismo proceso.

Como dijo Fidel Castro en una oportunidad, "Ellos no pueden derrotar nuestra revolución, por ahora (hablando del imperialismo y los gusanos de Miami), pero nosotros si podemos. Si la revolución cae, será nuestra culpa". Aquí podríamos decir, la oligarquía y el imperialismo no pueden, por ahora, derrotar nuestra revolución, aunque la estén amenazando con bases y guarimbas, pero la burocracia del proceso sí puede; será su culpa si no se toman urgentemente medidas políticas, sociales, económicas y hasta militares. Los trabajadores y las trabajadoras, el pueblo revolucionario, y los verdaderos socialistas que actúan dentro las estructuras del viejo Estado, tenemos una tarea por delante y es fundamental: torcer el rumbo de consolidación de la burocracia y profundizar junto con el comandante Chávez la revolución, atacando las principales contradicciones que hoy la ahogan: el viejo Estado Burgués y las prácticas burocráticas y corruptas de algunos funcionarios.

Pasar de las reformas acumulativas a un salto revolucionario en el rumbo del proceso

Los avances en la construcción del nuevo Estado que aún está naciendo, como el intento de transferir poder al pueblo a través de las comunas, las empresas socialistas, la manera de enfrentar la crisis eléctrica, el impulso del experimento del control y gestión obrera, con el que se ha comprometido el presidente en Guayana, el impulso a las milicias y de la transformación de las Fuerzas Armadas o el propio reimpulso en el tema de la crisis de la salud, chocan permanente con un freno burocrático y con la falta de un plan central democráticamente elaborado y decidido de abajo hacia arriba.

La feudalización de las decisiones y de la aplicación de las órdenes por parte del viejo Estado que aún no está muerto, no sólo frena o engaveta decisiones y políticas sino que combate duro contra los avances de la revolución. La razón es que están defendiendo sus propios privilegios conquistados en 10 años de manejo de los restos de un Estado agotado y en crisis pero que sobrevive gracias a la propia burocracia.

La superación de este secuestro del poder sólo puede conquistarse con más poder obrero y popular, con más democracia directa y participativa. Y con la lucha por la superación, eliminación, destrucción, del viejo Estado Burgués. Las experiencias que se están haciendo en las mesas de Guayana, la elaboración de un plan de contingencia frente a la crisis energética que ofrecen los trabajadores eléctricos, las propuestas de salidas a la crisis de salud que hacen diversos colectivos de trabajadores del sector, merecen atención y respuestas políticas.

Creemos que es necesario y urgente que el Presidente Chávez se siente y escuche a los legítimos representantes de estos sectores de trabajadores y llevar el control de las cosas que se acuerden hacer. No es que convirtamos al Presidente en alcalde de todos los municipios ni de gerente de todas las instituciones, sino que por estos problemas antes señalados se está escapando el juego.

Pero sobre todo, es necesario y urgente la unificación de los sectores revolucionarios alrededor de un programa de profundización del proceso vía la demolición definitiva del viejo Estado y el fortalecimiento, "inventando", de un nuevo Estado, participativo y con democracia obrera y popular de base. Esta es la tarea urgente del nuevo periodo de la Revolución.

Fuente: http://mareasocialista.com/pueblo-387.html

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